Tandil: entre panorámicas y dulces de leche

b2
Vista de Tandil desde el Castillo Morisco, Parque Independencia

Fui a Tandil dos veces. Dos fines de semana (largos). Me estoy preguntando si a Tandil le molestará esto de cargar con el estigma-insignia de destino clásico de escapada porteña, cuando detecto el odioso porteñocentrismo de mi curiosidad. Me doy un poco de vergüenza y pateo la duda ahí contra algún costadito para que se ubique, mientras la relojeo con desconfianza. Te quedás ahí, ahí te quedás, te dije.

Sin perderla de vista, trato de poner un poco de orden ahí donde Tandil conecta con la memoria y se encuentran el dulce de leche y el Monte Calvario, las procesiones por altoparlante y el queso, el Castillo y las películas de terror de bajo presupuesto, la vista de la ciudad y la vez que casi me caigo sobre la vista de la ciudad.

Me quedo con el dulce de leche y las alturas, al menos por hoy.

El dulce de leche.

A mi cerebro le encanta hacer que la sinapsis neuronal tropiece siempre con la misma piedra. Todas las veces que pienso en Tandil y en todos los lugares que me gustaron y que quisiera recomendar, la secuencia neuronal es más o menos así:

neurona busca información-> obstáculo-> dulce de leche-> sinapsis cae-> retrocede->toma impulso -> avanza-> dulce de leche-> vuelve a caer derrotada-> sinapsis se rinde-> dulce de leche wins

A los fines de que puedan figurarse más claramente toda esta cuestión, les adjunto una imagen de lo que mi cerebro entiende por dulce de leche cuando quiere hablarles de Tandil (o por Tandil cuando quiere hablarles de dulce de leche):

dulce
El preciado Mundo del Dulce de Leche (las cursivas son mías)

La primera vez me crucé con esta esquina de casualidad. La segunda y la tercera, fueron un poco mediadas (entiéndase por mediación varias visitas a la página web, lectura y análisis de los distintos tipos de dulce de leche existentes y búsquedas ansiosas y anhelantes (?) del lugar por Google Maps, Moovit y cualquier herramienta web disponible en la galaxia).

No recuerdo a dónde ibamos la primera vez, pero sí que estabamos deambulando con amigas cuando lo vimos. No creo que la búsqueda de amigos y compañeros de viaje de acuerdo a gustos e intereses sea totalmente consciente (hay cosas que nos exceden a los niños planificadores). Pero no hay dudas de que hay algo que nos cría y nos amontona. Dios y el viento o la lija y el dulce de leche, algo así. Nadie preguntó. Fue implícito que todas íbamos a entrar al local del dulce de leche y que le ibamos a dedicar la cantidad de minutos y horas que fuera necesario a la degustación de los alrededor de 10 o 15 variedades que estaban expuestas. Esa vez me volví con 3 kilos de dulce de leche (que después me encargué de incorporar).

Eso fue en el 2014. Este año volví con mi familia, pero acomodando inconscientemente (o eso hice parecer) todo el recorrido del día al punto cúlmine (?). El tour del día venía algo así:

  • Comer
  • Ir al Centinela.
  • Comer
  • Ir al Lago del Fuerte.
  • Tomar mate y comer
  • Deambular por callecitas inocentemente hasta que de repente BUM, dulce de leche.

Y ahí estaba, nos volvíamos a encontrar *lloraba de emoción*. Había menos dulces para degustar de los que recordaba (aunque estoy empezando a pensar que quizás la emoción del primer encuentro me hizo multiplicar los dulces en exposición o probarlos varias veces cada uno). Pero esta vez me llevé 4 frascos, para compensar (?).

Ningún souvenir. Los mejores son los que se comen, siempre.

a2
Cerro del Libertador

Saldada la cuestión del dulce de leche, sinapsis se levanta, rodea el obstáculo, roba una cucharada (o dos o tres) y sigue. Tandil es también mi miedo (y amor) a las alturas.

El Centinela, el Castillo Morisco y el masoquismo de las alturas.

Tengo una relación de amor-odio con las alturas que se extiende a través de todos mis viajes. Una parte de mí las busca desquiciadamente. Esa parte es la que busca relieves y sube cualquier porción de tierra con tal de desbloquear la vista panorámica (como si esa distancia en altitud proporcionara un mejor entendimiento de las cosas o al menos una ilusión de él). Es la misma parte de mí que no se cansa de mirar fotos de precipicios y gente al borde de precipicios y sueña con estar ahí algún día. O la que, después de un año de sedentarismo, se hace la mujer trekking y sube diez horas con el corazón latiendo en la otra punta del planeta.

Pero hay otra parte. La que cada tanto sufre de vértigo inesperado y se pregunta cómo carajos llegó ahí y por qué y para qué. Generalmente se presenta una vez por viaje y Tandil no fue una excepción, ni la primera ni la segunda vez.

La primera vez. El Castillo Morisco está ubicado en la cima del Parque Independencia, que a su vez está ubicado sobre un cerro, que a su vez está ubicado en Tandil, que a su vez está ubicado en (ya, Antonella, calmate). Además de ser una donación de la colectividad española que vive en la zona y uno de los puntos turísticos por excelencia de la ciudad, el Castillo Morisco es cinco cosas:

1. Uno de mis lugares preferidos en Tandil;

2. El lugar donde una amiga no nos convidó canelones;

3. El lugar donde me tenté con mi hermano con una calvicie que se parecía al atardecer;

4. El lugar donde grabamos una película de terror de bajo presupuesto (si van de noche lleven linterna o graben películas de terror para: a. aprovechar la oscuridad y b. superar el miedo a la oscuridad); y finalmente:

5. El lugar donde casi muero. Ok, quizás exagere pero así se siente cuando estás al borde del precipicio, tu amiga te asusta por la espalda, temés por tu vida, entendés que seguís con vida y te reís con histeria porque tu amor por las vistas panorámicas casi te tira sobre ellas y lo sabés.

La segunda vez. El Centinela es más frustrante.

piedra
El Centinela

*suenan violines y se escucha una voz que dice “Centinela: No sos vos, soy yo”, después una piedra y una persona que rompen en llanto, fundido en negro, fin* (peor película de la historia de los blogs que no hacen películas).

La cuestión es que la culpa no es del Centinela, que es una formación rocosa de 72 toneladas y casi 7 metros de altura ubicada en su cerro tocayo. No es del Centinela, que lo único que hace es estar ahí, apoyado en posición vertical sobre una base demasiado chica para sostenerlo pero con un aguante suficientemente grande como para bancarlo (a él, don Centinela, y a los miles de turistas).

La culpa es tuya (*se autoseñala con furia*). Es la segunda vez que vas y todavía te da miedo asomarte a la piedra, porque para acercarte tenés que caminar por una porción bastante chica de roca ubicada a una altura no exagerada pero tampoco despreciable. Mirás a varias personas asomarse al Centinela para la foto. Unos más confiados, otros con miedo. Un grupo de hinchas de River pasa de a diez y entonces pensás, bueno, si pasaron 10 personas juntas, ¿por qué yo no? Y ahí vas. Y tratás de pasarlo sentada porque te da pánico pero no podés. Todos te miran. Ahora no sólo tenés pánico a las alturas sino también pánico escénico, así que te quedás ahí, a un metro de distancia mientras te alientan a seguir y no. No querés. Te vas enojada porque no pudiste y las fotos de Noruega y los precipicios y las alturas y ay. Seguís el recorrido. Te alejás un montón. Pero sabés que tenés que volver.

Volvés, podés.

*Justo en el momento en que empiezan a correr los títulos y los espectadores atraviesan la etapa de duda existencial usualmente conocida en ámbitos médicos como el síndrome DLIOHAM (Deberíamos Levantarnos e Irnos O Habrá Algo Más), vuelve la peor película de la historia de los blogs que no hacen películas. Centinela y Anto se abrazan y comen dulce de leche juntos. Color. Música feliz. Tandil, te queremos. Fundido en negro. Aplausos y vitoreos.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s