Furia

furia. s.f. 1. Sinónimo de Microcentro porteño.

Sinónimo del ruido, del anonimato. De la basura, de las oficinas. O de las ruidosas y anónimas oficinas basura. Como sea. La cuestión es que no importa cuántos extranjeros me hayan dicho lo lindo que es andar por acá. Mienten. Todos. Cruda y descaradamente. Ok, quizás estoy siendo demasiado autoritaria –pero es que soy una planisferia totalitaria, ya ven–. Lo cierto es que considero (más bien, decreto) que a nadie pueden gustarle las bocinas, ni el humo de los autos, ni la gente que camina rápido cuando uno quiere ir lento ni la que camina lento cuando uno quiere ir rápido.

furia1

Pensemos un rato en esto último. O, mejor aún: pensemos en esos instantes donde no sólo no coordinan las velocidades de los distintos microcentrenses que caminan en la misma dirección sino que tampoco lo hacen el tiempo y espacio de los que caminan en dirección opuesta. Florida y Corrientes, 6 pm. Caminás (corrés) esquivando bultos. Poco te importa si son nenes, adultos, ancianos, bebés o terodáctilos. A esta altura del día y por estos pagos, no nos vamos a poner a hablar de moral. Los esquivás (empujás, codeás, pateás). Pero ninguna de todas estas desarrolladas y perfeccionadas  técnicas te sirve si te ves obligado a frenar. Y esto sólo pasa cuando te encontrás repentinamente enfrentado con alguien que camina EXACTAMENTE por la misma coordenada geográfica que vos (digamos, 34° 36′ de latitud sur y 58° 26′ de longitud oeste), pero en sentido contrario.

Parálisis. Te quedás quieto y dubitativo. ¿Deberías ir por la izquierda o por la derecha? ¿Él se moverá hacia la izquierda o hacia la derecha? ¿Su izquierda o tu izquierda? ¿A qué velocidad? Yo…bueno, yo soy una persona indecisa. No es que lo sea ahora, lo fui siempre. Desde mucho antes. De chica me tomaba un tiempo considerable para elegir el muñequito de la Cajita Feliz. Hoy entro a un probador y puedo pasar más de veinte minutos poniéndome y sacándome la misma remera. No es que me empeñe en complicarle la existencia a la humanidad, simplemente me sale natural. Es por eso que estos choques interpersonales son probablemente los momentos más sufridos de mi relación con Microcentro.

Pero no, esperen. Nuestra relación siempre puede ser peor. Sin embargo, para que me comprendan es indispensable dejar primero una cosa en claro: una senda peatonal es eso, peatonal. No es autal, ni colectival, ni camioneral. Ergo, no es necesario ni recomendable que los vehículos decidan frenar justamente allí. Porque al hacerlo sólo nos dejan dos opciones: cruzar por la senda peatonal sin importar que un objeto sólido de tamaño contundente la esté atravesando, trepar cual hombres y mujeres arañas porteñas por sus ventanas, caminar por el techo, pegar un salto mortal y continuar caminando por lo que nos resta de senda peatonal. O putearlos.

Personalmente, suelo elegir la segunda. Todavía me cuesta romper el statu quo

*

Este post fue originalmente publicado en otro blog (Q.E.P.D. aka R.I.P. Ratapelota (?)). 

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