Baila

planisferia2

Digresión planisférica: me encanta esa sensación –linda, alegre– que tengo cuando descubro algo que me gusta. Cuando lo pongo en práctica sin quejas, cuando quejarse es tan fácil. Bailar. Sentir la necesidad de bailar, de hacerlo, aunque sea unos diez minutos. Sin “deberías”, sin perfeccionismos. Puro bailar o bailar puro, qué más da.

Hace un tiempo leí esto: “nuestro cuerpo está diseñado para moverse”. Qué fácil es olvidarlo entre todos estos dispositivos. Pero qué fácil es recordarlo, sí. También.

***

Hay algo de mágico y atrapante en el arte de bailar: en el modo en que uno improvisa, conecta, se mueve, se expresa. Se expone. Siempre me cautivó eso de las artes y de los artistas. De esos ambientes y esas personas con energía fuerte, explosivas, vibrantes, creativas, dedicadas y enfocadas en el crear. Y aún así, a la vez que él me atrapa, me expulsa. Mediante una lógica extraña, el arte me hipnotiza y seduce hasta que sin previo aviso me pone enfrente cada uno de mis miedos: incertidumbre, ridículo, falta de control.

Juego. Ha llegado a alarmarme la opresión que siento cada vez que escucho esta última palabra. Crear es jugar. O soltar la ilusión de control, que vendría a ser la misma cosa. Sí, uno puede planificar y buscar y encontrar todas las aristas y caras de un proyecto. Puede medirlas, ubicarlas en infinitas listas, leerlas, borrarlas. Modificarlas. Hacer un análisis cuantitativo y cualitativo de ellas. Escribirlas una y mil veces. Manipularlas, bah. Hasta el hartazgo. Pero crear…bueno, crear es otra cosa.

¿Qué (siento que) es bailar?

Crear.

Expresar, conectar, improvisar. Compartir. Y conectar, una vez más. 

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One thought on “Baila

  1. Yo una vez fui al cine a ver una pelicula de griegos en cuero.

    Los primeros diez minutos donde explicaban todo el conflicto y la mitología para hacer inteligible la película me los perdí.

    Todo porque una loca quiso ponerse a bailar y cantar adelante de la pantalla.

    La loca gritó: – “Se largó el baile!”- y un chabón anónimo del público le respondió: -“El baile lo tenés en la cabeza!”. Algunos aplaudieron, otros se rieron. Algunas viejas estuvieron haciendo shhhhh todo el tiempo.

    Después la loca cantó “La Felicidad” de Palito Ortega. El shhh seguía, pero el público se dividió entre los que querían que rebobinen la película (que impulsaron un cántico que no prosperó por su complicada métrica), los que querían que todos cierren el orto y sigan viendo la película, los que vivaban a la chiflada porque era más divertida que la película y los que gritaban “seguridad, seguridad!” (probablemente caceroleros confundidos por todo el griterío).

    Después de diez minutos el pibe con granos del cine se la llevó y nadie rebobinó la película y nadie la entendió, pero a nadie le importó porque igual era una garcha y al final en los créditos te enterabas que era una película india y eso explicaba todo.

    Por eso Antonela, acordate que no está bueno hacer populismo con esto de mover el ojete para expresarse. Porque hay expresiones que molestan. Y que no hay que generalizar, porque el cuerpo de Robocop no está diseñado para bailar y se puede ofender. Hay vida más allá del baile. Y como bien dijiste alguna vez en este blog: “la vida es un culo que se mira por delante”.

    Saludos cordiales.

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