Lluvia.

A veces, cuando me gusta algo, me gusta saberlo en muchos idiomas. Lluvia. Chuva. Pioggia. Rain. Pluie. Regen. дождь. 雨. ¿Qué me gusta de la βροχή? 

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La lluvia es el permiso. De tomar un té, un café, un mate, verla y escucharla, sin hacer otra cosa que tomar un té, un café, un mate, verla y escucharla. O es el permiso de al menos intentarlo, antes de que la mente se disperse y se aleje de ese presente y ya no escuchemos ni veamos ni tomemos nada porque sí, es tan fácil irse.

En los viajes, la lluvia es el permiso de hacer todas esas cosas que no podemos hacer cuando estamos muy preocupados por hacer -porque el día está lindo y hay sol y hay que salir y hay que disfrutar y hay que-. El día soleado nos impulsa (¿nos obliga?) a disfrutarlo. La lluvia, bueno, la lluvia no pide nada. Todo ocurre como si en ese acto de llover, nos dijera: tranquilos, hoy pueden dormir, comer y deprimirse, no pido nada más.

Y ahí está la magia. 

No en deprimirse, claro. Sino en hacer, pero con lluvia. Lo cual, en mi experiencia, es una otra manera de hacer no soleada. Una manera relajada, presente, cargada de bizcochitos y paisajes atravesados por rayos, de capuchas, paraguas y capuchinos -o de capuchinos que intentan ser sostenidos por una mano mientras la otra sostiene el paraguas que se vuela y una se cansa y lo cierra y deja que el capuchino se vuelva acuoso y tibio y lluvioso (lo cual es una otra manera de ser capuchino que me encanta)-.

Filtro la memoria con el hashtag #lluvia y me encuentro con cosas que había olvidado. Me encuentro con la no-recorrida de la Isola Bella, una de las islas borromeas en el norte de Italia. Con el momento en que, con mis abuelos y el grupo con el que viajábamos, salimos a las callecitas después de almorzar y nos encontramos con una lluvia fuerte y  unos paraguas inexistentes o insuficientes y caminamos (corrimos) hasta un rinconcito con techo a esperar que frenara la lluvia, mientras nos preguntábamos si cruzaríamos el lago con semejante torrencial o si quedaríamos atascados ahí por los siglos de los siglos (pensamiento que, debo admitir, no me desagradaba en absoluto).

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Isola Bella
Isola Bella
Isola San Giulio, otro punto de la región de los lagos italiana en la que no me hubiera molestado quedarme varada

Pienso en Verona y en Venecia, que las visitamos en el mismo día y en la misma lluvia. Verona fue buscar al Romeo de mi abuela, que se había perdido por ahí, mientras todos corrían al balcón de Julieta. Venecia fue la góndola y todos cantando Funiculí, funiculá, mientras mi abuela saludaba a todo el que cruzaba los puentes cual Sissi Emperatriz. Y Verona y Venecia fueron, sobretodo, lluvia. Y un capuchino tomado en esa otra manera de ser capuchino con una factura que hoy aprendí que se llama pain au chocolat, pero que en ese momento simplemente se llamaba la factura más rica de la historia de la humanidad.

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Verona

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Venecia

Lluvia8Lluvia7Pienso en Montalto, y en esa llovizna que había en el momento en que mi abuela visitó lo que solía ser su casa 59 años atrás. En Londres, cuando salí del subte y pedí un capuchino (otro, sí) en uno de esos food tracks o camiones gourmet que tanto me gustaron y el ¿camionero? empezó a romper huevos y a saltearlos en el fuego ante lo que claramente fue un inglés pésimo de mi parte.

Montalto
Montalto
Londres
Londres

y más Londres

Me acuerdo, también, de un balcón de Purmamarca, en Jujuy. Y del sillón de ese balcón donde éramos cuatro rotando los bizcochitos y el mate, hipnotizadas con cómo se veían los relámpagos cayendo delante (o arriba, o al costado) del Cerro de los Siete Colores. De jugar a ser centollas en el fin del mundo, un día que caminábamos por el centro de Ushuaia y llovía y aún así nos deteníamos frente a cada restaurante con pecera de centollas para imitarlas.

Cerro de los Siete Colores, Purmamarca
Cerro de los Siete Colores, Purmamarca

Buenos Aires, hoy. Miro por la ventana y busco un punto oscuro para enfocar la vista y darme cuenta si sigue lloviendo (¿soy la única que hace eso?). Pero ya no y pienso si debería seguir en este otro modo de hacer tan pasivamente no soleado. Cebo un mate, está nublado.

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