London tic tac

 

“El tiempo es una aberración fuera de toda disciplina
 y su único rasgo piadoso y disciplinado, insisto, 
es su constante negación a hacer un alto” 
(Rodrigo Fresán, Jardines de Kensington)

 

Cuando pienso en el tiempo, pienso en agujas negras, curvilíneas y en punta. Pienso en el reloj de la cocina de mi casa, que antes estaba en el comedor,  y que muchas veces estuvo abajo de un pilón de ropa, donde lo escondía porque no me dejaba pensar.  Pienso en el ruido. Pienso en que nunca probé si esas agujas realmente pinchan, pero en que tampoco es necesario, porque ellas pinchan a su manera. 

Cuando pienso en el tiempo…
Trafalgar Square

Un señor baila con un cartel en la mano. Da saltos cortos, con un solo pie, tres. Y después cambia de pierna. Tiene anteojos, sesenta y cinco años (eso digo yo) y está vestido de verde, naranja y blanco. El cartel que sostiene está escrito a mano y de los dos lados: Three cheers for Russia for opposing America in the Middle East y anda a saber qué del otro lado, porque ya me olvidé. Pero hablaba de guerras mundiales, apocalipsis y biblias. De fondo suena música celta desde un grabador que repite incansablemente la misma canción. No se entiende muy bien qué tiene que ver con sus saltos ni con sus mensajes, pero tampoco pareciera importarle. De hecho, nada parece tener que ver con nada en Trafalgar Square. Y a nadie parece importarle. En un mismo instante, el señor celtarevolucionario salta, un rockstar circense se pasa un aro ínfimo a través del cuerpo, un romántico de sombrero toca la guitarra, un escocés y su kilt tocan la gaita, y el maestro Yoda flota por los aires. La pintura surrealista se completa con un fondo auspiciado por la National Gallery y un gallo azul gigante. 

 

 

 

 

 
Old Spitalfields Market

“Acabo de mudarme a Londres y vine a comprar medias”. Pienso en las charlas casuales. Pienso, también, en que no suelen ser lo mío. Siempre me sentí incómoda en esos viajes de ascensor donde el quécalor/quéfrío/loqueseaparaevitarestemomentoincómodo surgen de forma obligatoria, casi como tics espaciales causados por la necesidad de comunicarse y hacerlo en poco tiempo. Siempre me pregunté qué se supone que tengo que hacer cada vez que me cruzo con la misma persona en un mismo día. Si saludarla todas las veces, ignorarla todas las veces, o solucionar todo con un quétal apurado (todas las veces, también). Pero ahí estaba, comiendo sola, cuando una desconocida se sentó al lado mío y terminamos hablando de ciudades y medias. Me había sentado en un banco de Old Spitalfields Market, en primer lugar, para saborear el ambiente de feria y un roll con papas. En segundo lugar, porque había wifi. Y con eso había cerrado todo posible intercambio con el mundo exterior (o al menos eso creía). Pero todo cambia cuando cambian las mesas. Cuando las mesas no son individuales sino tablas enormes donde es imposible no compartir y sentarte al lado de otro desconocido y tener que elegir si saludarlo, ignorarlo, o decirle qué tal, qué frío, qué calor. No sé si mi charla con la chica de las medias empezó porque me preguntó si podía sentarse ahí o porque le pregunté dónde había comprado ese pedazo de cielo en forma de torta de chocolate que tenía enfrente. Estoy casi segura de que fue la segunda opción. La cuestión es que, casi sin darme cuenta, estaba hablando de la mudanza de la chica de las medias de Bristol a Londres, del cambio de pesos a libras y ya no recuerdo de qué más pero estoy segura de que en ningún momento hablamos del frío y del calor, ni le dije quétal (de todas formas no me hubiera entendido).

 

 

 


Thames


No podría contar la cantidad de veces que pasé delante de artistas callejeros sin detenerme. No importaba si estaban pintando, cantando, tocando un instrumento, bailando, hablando. Lo que sí importaba era que estaba llegando tarde a algún lado, que tenía que caminar más rápido, que frenaría un rato pero mejor no. Falta tiempo. Siempre. ¿Quién quiere frenar a estar cuando hay tanto, tanto para hacer? “Frenar a estar” se activa cada tanto, cuando nos tomamos vacaciones (y a veces ni siquiera entonces). Se activó ese día que deambulaba al costado del Thames, un sábado a la noche donde no tenía otra cosa para hacer que deambular al costado del Thames. Fue entonces que frené y estuve. Estaba fascinada con las luces de la ciudad (¿desde cuándo? ¡pero si yo odio las ciudades!) y con la chica que cantaba con tanta fuerza que, aunque te alejaras por el Waterloo Bridge dejando una orilla por otra, seguías escuchándola. Así que opté por retroceder mis pasos (¿desde cuándo? ¡si siempre se me hace tarde!). Y fui y me paré enfrente de la chica, que además de cantar, tocaba la guitarra y tenía un compañero y un instrumento desconocido y un grupo rodeándola. Y ni siquiera me paré, sino que me senté. No fuera cosa que mis pies se acordaran de que soy una persona ocupada que está siempre muy apurada y hay que irse ya y ay….

 

 

Pienso que todo lo que me gustó de esta ciudad (y de cualquier otra) está concentrado acá. En una estructura que se fragmenta en el tiempo, pero que no lo hace en horas y minutos y segundos. Que es arbitraria en su manera de pausarse. Que encarna a las agujas pero las tensa, las tuerce. Aunque tensar y torcer cueste. 

¿Será tarde, ya? 

Advertisements

3 thoughts on “London tic tac

  1. Hola Antonela, soy un cobarde que se refugia bajo el privilegio del anonimato para comentar en tu blog. Te felicito porque, como podrás ver, el mío es el primero de muchos anónimos que va a recibir tu blog. Bah, muchos, si se pone de moda. Pero estos días se pone de moda hasta el Chano de Tan Biónica, así que te tengo fe. Hasta Anónimo, el autor más impresionante de la historia (que estaba de chapa caída desde que escribió Robin Hood, hay que admitirlo), se puso de moda de nuevo y hay boludos con máscaras que hackean la página del Vaticano y, si Dios quiere, tu blog.
    Quién sabe? Capaz que hasta alguno de los anónimos del porvenir hasta cae en forma de admirador secreto… o loco stalker. Por eso hay que defender el blog, porque con el blog se come, se cura, se educa… y en una de esas hasta la ponés.
    Chin chin
    Brindo por el blog y por el anonimato, siempre de la mano, desde… bueno tantos años no hace que existe todo esto, aunque parecen más.

  2. Hola Antonela, soy Charly García. Quise poner un comentario y tu blog me desafió a probar que no soy un robot. Luego de mucho pensarlo, decidí que no puedo hacerlo y voy a hacer terapia.
    Gracias, me cambiaste la vida.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s